Los eternos “¿por qué... ?”
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12/11/2011 23:23
Los porqués:
¿Por qué llueve? ¿Por qué quema el fuego? ¿Por qué la gente muere? ¿Por qué hace falta estar casados? ¿Por qué hay hombres negros y blancos? ¿Por qué los niños hacen tantas preguntas?
Para dar una respuesta adecuada a las numerosas preguntas que los niños plantean a los adultos, es necesario comprender el sentido y las razones profundas, y no siempre obvias, que las motivan.
A veces se trata de simple curiosidad, pero en otros casos es una petición no explícita de ayuda o la búsqueda de un contacto más profundo con los padres.
Esta avalancha de preguntas se modifica con el tiempo según la edad del niño: en un principio son más abstractas y, con el paso de los años, se vuelven técnicas, sutiles o claramente provocativas.
Porque el cómo contestar tiene a menudo más importancia que el qué contestar.
Cómo responder a sus preguntas, a los niños pequeños no les gustan los grandes discursos ni las largas explicaciones. Prefieren descubrir por ellos mismos lo que desafía su curiosidad. A partir de los tres años, para reunir toda la información que necesitan, usan los porqués como una vía de aprendizaje natural que les permite, además, poner en marcha sus habilidades lingüísticas. Pero, ¿hay que dar todas las respuestas?
Realmente, cuando un niño pregunta por qué, no siempre está buscando una causa. A los tres años ya saben que las acciones siguen un cierto orden y son muy hábiles en saber cuándo y cómo hacer lo que desean. En la mayoría de los casos, los porque no tienen una única lectura. A veces, se trata de un juego para ver cómo reacciona el adulto.
En otras ocasiones, para poner en práctica sus habilidades lingüísticas o para comprobar si los padres le dicen algo parecido a lo que él piensa. Así, si un niño pregunta por qué las montañas son tan altas, cualquier explicación que contradiga su idea de que las hizo un gigante tal vez ni la escuche, aunque lo haya preguntando cientos de veces.
Claro que no hay que olvidar que, cuando pregunta tanto es porque considera que sus padres lo saben todo, por lo que con cada respuesta consiguen también una mayor dosis de seguridad. Esta etapa de los porqués coincide con la época en la que hay un verdadero romance entre el hijo y los padres. Los hijos desean parecerse a sus padres y los padres desean que sus hijos se parezcan a ellos.
Mediante las respuestas que consiguen los niños con sus porqués descubren también la disponibilidad de otras personas hacia ellos, qué cosas están permitidas y cuáles no.
Los porqués cambian con la edad.
A los tres años, se trata quizá más de un juego lingüístico, de una forma de perfeccionar su vocabulario de relacionarse con otros niños y, en menor medida, por querer averiguar realmente qué sucede. Cómo sus progenitores, debemos procurar que el niño sienta que nos interesamos de verdad por sus preguntas.
Ello no implica tener que estar dándoles información a todas horas. Hay diversas formas de contestar al niño para que sus preguntas no se queden sin respuestas., como por ejemplo: “¿Y tú que crees?”. Hay niños a los que la edad de los porqués les dura hasta los seis años, pero no se trata de unos porqués con el mismo significado que cunado tienen tres. A esta edad sí que buscan causas.